El paciente llega a la farmacia con una receta de ENALAPRIL y a continuación pide una caja de IBUPROFENO que, según él es un «remedio para el dolor» que utiliza habitualmente. .
Farmacéutico: “¿Le puedo aconsejar?”
Paciente: “Por supuesto que puede hacerlo.”
Farmacéutico: “Estoy viendo que usted utiliza un medicamento para la hipertensión y junto a él utiliza un antiinflamatorio. Sin embargo, me gustaría informarle que debe tener precaución con este medicamento y otros antiinflamatorios de la misma familia (AINEs), ya que pueden interferir en el tratamiento de la hipertensión, y ocasionar algunos problemas adicionales. Le aconsejo monitorizar su tensión arterial al menos semanalmente. Si le parece bien podemos empezar hoy y tomarle la tensión ahora, para comprobar el estado actual.”
Paciente: “Claro, vamos. ¡Y muchas gracias por el consejo! Uso estos medicamentos hace años y nunca nadie me había dicho nada.”
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En España, son 11 millones de personas (el 36,7% según la WHO) las que padecen Hipertensión Arterial. Uno de los principales factores de riesgo de la hipertensión es la edad, siendo el 65% de los mayores de 60 años los que padecen esta enfermedad.
Además, el envejecimiento también está acompañado de un aumento progresivo de enfermedades reumáticas. Por ello, es muy frecuente el uso concomitante de AINEs y antihipertensivos en el mismo paciente, además de la aparición de interacciones medicamentosas clínicamente significativas entre dichos fármacos.
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El principal mecanismo que implica la elevación de la tensión arterial por los AINEs (IBUPROFNEO, naproxeno, etc.) es la inhibición de la enzima COX, que genera la reducción sistémica y renal de la síntesis de PG. De esta forma, todos los AINEs pueden antagonizar la terapia antihipertensiva, ya sea parcial o total. En el caso de los IECA (ENALAPRIL, ramipril, etc.), su interacción, sobre todo con los inhibidores de la ciclooxigenasa no selectivos, es de mayor relevancia clínica en pacientes mayores y con problemas renales.